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No está en los libros. Maite Pérez Larumbe

No está en los libros

por Maite Pérez Larumbe – Domingo, 3 de Noviembre de 2013

Publicado en Diario de Noticias de Navarra el 3 de noviembre de 2013

mpl111“El otro día escuchaba a una bibliotecaria hablar sobre la evolución de su trabajo. Señalaba que cada vez es más exigente. Su gremio, decía, es uno de esos, y aquí pensaba yo también en la enseñanza pero ustedes pueden añadir otros y me temo que la lista acabará siendo hermosa, a los que se les va pidiendo más y más competencias y un servicio más cualificado y versátil.

Al colectivo en cuestión se le supone los conocimientos y destrezas definidos en los manuales de biblioteconomía sobre gestión de libros, discos, películas y otras formas de archivo y transmisión de la información, el conocimiento, la literatura y el entretenimiento. Obviamente, esa capacitación pasa por la puesta al día continuada para adquirir las habilidades que demanda a buen ritmo la era digital y hay que añadirle una buena provisión de psicología y lo que podríamos llamar en un alarde de poco ingenio y condenable por innecesaria extranjerización -seguro que tiene un nombre mejor pero no lo conozco- destrezas como bookcoach. El personal pide asesoría a medida y claro, no todo el mundo busca ni necesita lo mismo. Una parte nada desdeñable quiere además pegar la hebra con personas agradables que brinden un rato de intercambio que exceda lo profesional y utilitario, aporte empatía, si puede ser complicidad, y (solo ocurre excepcionalmente pero qué gusto) resulte un encuentro en los principios, rutas y preferencias lectoras. Las y los bibliotecarios llegan a ser un referente tan cercano como la cajera del súper o la pediatra o el farmacéutico.

Les toca tratar con gente encantadora que valora su labor y bregar con seres desconsiderados, impacientes o antipáticos, con morosos que hay que perseguir y personas que comen mientras leen bocatas de chistorra bien untados a juzgar por cómo devuelven los libros, con subrayadoras compulsivas o redes organizadas de secuestradores de periódicos, con monadas de críos que no alcanzan el mostrador con la nariz y saben esperar su turno y pedir por favor y asilvestrados que se pelean, se revuelcan en el suelo, desordenan que es un primor y van a casqueta diaria, con quien entiende el carácter público y comunitario de la biblioteca o con sátrapas comarcanos. También tienen que hacer de eventuales profesores de nuevas tecnologías con usuarias y usuarios primerizos y salir al paso de necesidades que van más allá de la lectura.

El otro día veíamos una pequeña guía elaborada en la biblioteca de Berriozar que, aprovechando las fechas, proponía lecturas variadas para facilitar a adultos y críos hablar de la muerte y entender o enfrentar el proceso de duelo, una realidad que no por alejarla o maquillarla en términos fantásticos deja de presentarse en toda su crudeza. La guía puede consultarse en la red y es un ejemplo de buen hacer. Eso se agradece.”

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El libro y la humanidad. I Jornadas Profesionales de Asnabi

El libro y la humanidad. I jornadas profesionales de Asnabi

por Arantzazu Amezaga Iribarren, Bibliotecaria y escritora – Jueves, 31 de Octubre de 2013

En Diario de Noticias de Navarra

aranzazu“CON gusto especial asistí a esta jornada de bibliotecario/as de Nabarra, y en el marco de una Biblioteca General luminosa y capaz, me interné, a través de las interesantes y enjundiosas ponencias, en un mundo que fue mío, hoy es de otra generación pero que pertenece por igual a todos los seres humanos de todos los tiempos, inmersos en la revolución de la palabra impresa. No voy a citar a todos los que hicieron posible una jornada tan memorable, pues de alguno he de olvidarme, aunque destaco a las clowconclusiones que pusieron una nota de certero humor en un tema con toques de pesimismo ante los cambios y la crisis económica.

Desde la Biblioteca de Alejandría, faro potente de la humanidad, reducida a cenizas porque “toda tarea imposible de un tirano es destruir la biblioteca ideal”, según afirma Alberto Manguel en su libro Bibliotecas, pasando por la hoguera de vanidades de Savonarola, quien urgió a quemar joyas, cosméticos y libros por igual, como objetos inútiles, si estos últimos no contenían la doctrina precisa, la Inquisición y su Index, y ya en nuestro tiempo la quema de la Biblioteca de Sarajevo, cuya destrucción observamos horrorizados, aunque tuvimos la gracia de contemplar al músico Vedran Smailovic con su violoncello, en la mitad de la ruinas, alertándonos de la inmortalidad del libro y lo que él representa.

Los sones musicales de la resurrección se expandieron por el espacio abierto por las bombas y la transformaron en la biblioteca ideal, ya que dejó de ser corpórea… En ese espacio biblioteca en el que nunca hace demasiado frío ni calor, en que todo libro se hace eco de otro libro, sin horas de cierre, de fácil acceso… donde el lector debe tener la oportunidad de encuentros fortuitos, citando a Manguel.

Hemos vivido como Humanidad, el proceso de Ur y su escritura, que dejó atrás la prehistoria, y hemos llegado a nuestro tiempo, siguiendo la huella de Gutenberg y su ingenio prodigioso que dejó atrás a los copistas, logrando que el libro fuera de todos, que la cultura estuviera abierta a cada hombre o mujer que quisiera superarse, cosa que la Ilustración y su Enciclopedia lograron imponer y que se ha hecho realidad en nuestro tiempo. Las bibliotecas reales se transformaron en públicas y la profesión del bibliotecario/a, su misión al decir de Ortega y Gasset, se establece como un vínculo entre los libros y los lectores.

Es quizá la biblioteca una de las más democráticas fórmulas sociales que existen: los libros, sea quien sea su autor, se mantiene en el registro convenido. Ninguno de ellos se hurta a la curiosidad del lector que lo demande: el bibliotecario/a transfiere su acción de ordenador del caos impreso en un acto simbólico de ordenado enlace, sin recurrir a la censura, sin imponer un criterio, sin añadir un comentario. Cada autor de un libro responde por sí mismo a cada lector que lo solicite. Como decía el antiguo Platón: “El cuerpo humano es el carruaje; el yo el hombre que lo conduce; el pensamiento (esos libros leídos y transformados en razonamiento) son las riendas, y los sentimientos (lo que la lectura y la vida nos ha provocado), los caballos”.

Vivimos una revolución que afecta a la palabra escrita y posiblemente cambie los factores que fueron claves en nuestra profesión relativa al manejo de los abundantes materiales, desde los mapas de estrellas a dibujos infantiles, desde libros de filosofía a folios de poesía, de cuadernos de matemáticas a compendios de historia, a su ordenación y mantenimiento, a su préstamo y devolución… Pero para quienes sentimos la profesión como una vocación de servicio cultural, hemos ampliado el horizonte, pudiendo otorgar a nuestros lectores/as más información de la nunca imaginada: se despliega ante nuestros ojos el abanico de la bibliografía mundial. Deseamos expandirlo, divulgarlo… Que ningún usuario/a se pierda un contenido, el que quizá le esté esperando para su realización personal, para cumplir su sueño, para volar hacia otros horizontes. Él/ella es el elegido para recibir la vital información.

Creo sinceramente que la biblioteca sea personal, pública, privada, escolar, especializada o universitaria, en esta crisis de profunda remodelación de sus estructuras, saldrá fortalecida porque sus objetivos desbordan más allá de su material concreto en papiro, pergamino o papel, para alcanzar la virtualidad de su origen: forma parte de una compleja y pujante red cultural que desde hace cuatro mil años incita al progreso. Porque hubo ladrillos de arcilla con letras cuneiformes hoy tenemos ordenadores con información virtual.

Porque a través del hilillo de la tinta, hoy letras de fulgurante plasma, corre un flujo de humanidad, cuya fuente está en la misma divinidad, y así en los libros, en la palabra escrita en todas sus vertientes, libros, periódicos, folletos, pasquines, revive el ímpetu de los héroes y el ingenio de los descubridores, y la duda y la cautela, la gracia y el amor, y hasta el trémulo e imperceptible vuelo de las almas que ascienden a Dios, parafraseando al viejo Marañón.”